La vida de fe no es sino el fruto de una experiencia de cercanía y confianza en Dios, hecha de un trato continuo con el Señor a través de la oración por el Espíritu. La oración es el fruto maduro de la fe, es la respuesta de la criatura a Dios que se nos revela. Sólo ora quien tiene fe, y el Papa Juan Pablo nos dejó un claro testimonio de vivir una vibrante experiencia de constante diálogo con Dios, un Dios del que se sabía amado y al que quería amar.
Su experiencia de fe contagiaba a las multitudes que se congregaban a su alrededor en los diferentes eventos: jornadas de la juventud, semanas de la familia, reuniones con sacerdotes, con obreros, con intelectuales, etc. El Papa lograba poner en contacto con el misterio de Dios, no simplemente por la elocuencia de sus palabras, sino por su testimonio de hombre de Dios, un hombre que bajaba como Moisés de la montaña con el rostro resplandeciente de luz.
Los primeros años del pontificado de Juan Pablo nos mostraron a un pontífice joven, enérgico, abierto a la vida, desenvuelto y de porte atlético. Alguien pudo pensar que su atractivo radicaba en sus propias cualidades, como un personaje del espectáculo; pero no era así: de hecho en los últimos años de su pontificado vimos a un Papa limitado físicamente, doblado por el peso de los años y la enfermedad. Sin embargo, en esas condiciones, su testimonio de fe seguía siendo refulgente; en sus últimas visitas a los diferentes países, pienso muy en concreto en la última visita a nuestra Patria, seguía hablando con el lenguaje de la fe, lograba hacer que las multitudes dispersas, se sintieran congregadas en una fiesta de fe. A los que lo escuchaban les decía palabras llenas de comprensión; alentaba a los que se sentían descorazonados y abandonados, les abría un horizonte que invitaba a un encuentro con el Dios de la vida y la resurrección.
Decía el entonces Cardenal Ratzinger, refiriéndose al encuentro de Juan Pablo con los jóvenes en la Jornada Mundial de París: “No he encontrado a nadie que no haya quedado conmovido por la atmósfera de este encuentro en la Fe. De manera imprevista se había vuelto bello ser cristiano”.
En los recuerdos de las personas que pudieron estar cerca de él, lo que más se recalca es el testimonio de fe sencilla y firme hecha de convencimiento, fuerte y auténtica, sin complejos ni componendas. Es la fe que testimoniaba cuando se le veía con el rosario en la mano, postrado en oración ante el Santísimo Sacramento, arrobado mientras celebraba la misa. Era la fe de un creyente y de un contemplativo. Esa fe alcanzó su culmen en sus últimos días de vida y en las palabras con que terminó su peregrinación en este mundo: “Déjenme ya ir a la Casa del Padre”.
JUAN PABLO II HOMBRE DE ESPERANZA
Cuando Juan Pablo inició su pontificado, el año de 1978, la Iglesia atravesaba por un momento conflictivo y difícil; cómo no recordar la crisis posterior al Concilio Vaticano II que tanto hizo sufrir al Papa Paulo VI; se experimentaba en la Iglesia la drástica disminución de las vocaciones, la sensación de cansancio en muchos creyentes e inclusive el abandono del ministerio por no pocos sacerdotes. Había también confusión en cuanto la manera concreta de aplicar las enseñanzas conciliares. En ese ambiente, enrarecido por el desencanto y la falta de entusiasmo, resonó poderosa la voz del nuevo pontífice en la misa de inauguración de su pontificado: “No tengan miedo, abran las puertas a Cristo el Redentor”.
Se dirigía a los regímenes totalitarios del momento, pero se dirigía también a los creyentes, para que, fuertes en la esperanza que nos viene de la victoria de Cristo sobre la muerte, tuviéramos la confianza de presentarnos ante el mundo sin arrogancia, pero con la firme convicción de ser portadores de la luz que nos viene del poder transformador del Evangelio.
Comunicaba lo que él llevaba en su corazón: la confianza en Dios que lo había acompañado siempre, desde los dramáticos momentos de su infancia; sabemos de su orfandad a temprana edad, de la experiencia de horror y muerte en su natal Polonia durante la segunda guerra mundial, de las persecuciones del sistema nazista y luego del comunismo. Así fue preparado para poder exclamar como San Pablo: “Sé en quien he puesto mi confianza y estoy seguro que no quedaré defraudado”.
Su Pontificado se caracterizó por los muchos viajes apostólicos realizados alrededor del mundo; no eran viajes de turismo, eran visitas de pastor que hacía crecer en los fieles el sentido de unidad, de alegría y de fiesta en el Dios de la esperanza. Fue la esperanza cristiana lo que lo mantuvo lleno de entereza en los momentos conflictivos que no se le escatimaron durante los años de su largo pontificado.
Decía el entonces Cardenal Ratzinger en la homilía del funeral del Papa Wojtyla: “Este pontífice deja una Iglesia más libre, más joven, una Iglesia que mira con fe hacia el futuro y con serenidad hacia el pasado… él ha despertado a la humanidad de una fe cansada”
La Beatificación del Papa Juan Pablo se convierte en una extraordinaria ocasión para traer a nuestra conciencia sus repetidas invitaciones a caminar sin temor por el camino de la fidelidad al evangelio, para ser testigos y misioneros de Cristo en el ambiente de un mundo secularizado y que nos pide razón de nuestra esperanza. Nos invita a ponernos en camino y cooperar generosamente en la construcción de una humanidad más justa y solidaria; a ser artífices y constructores de esperanza.
Este mensaje es singularmente valioso para nosotros mexicanos, en el contexto de un ambiente enrarecido por la violencia; necesitamos armarnos con la valentía que nos viene con la convicción de estar acompañados por el Dios de la Vida que nos invita a ser constructores de paz en los corazones y en la convivencia social. A eso nos invitó el Papa con su repetido grito: “¡México siempre fiel!”.
JUAN PABLO II HOMBRE DE CARIDAD
Al Papa Wojtyla se le conoció como el Papa en continuo movimiento, el Papa de los viajes. Lo suyo are estar siempre en camino, impulsado por el afán de servir a la humanidad con el don más grande que tenemos los creyentes: transmitir el evangelio de Cristo. Él hacía suya la afirmación paulina: “La caridad de Cristo nos apremia”.
Porque conocía el amor de Cristo, no intelectualmente, sino encarnado en la experiencia de su vida, su invitación a amar a Dios sonaba sincera y creíble. Cuando hablaba se sentía que sus palabras brotaban de un corazón que había hecho la prueba y podía testificar: “Busquen y verán qué bueno es el Señor”. Por eso podía invitar especialmente a los jóvenes a seguir a Cristo por un camino que supone el riesgo del fracaso, de la renuncia, del sufrimiento y de la cruz. PORQUE EL AMOR TODO LO PUEDE.
Para él, el amor a Cristo significó abrazarse a la cruz de la persecución, de la orfandad, de la ancianidad, por eso podía comprender y consolar a todos los que van por los caminos de la vida cargando con su propia cruz: la cruz de la pobreza, de la marginación, de la soledad; por eso podía hablar, desde su experiencia propia de la compasión humana y de la misericordia divina. Por eso podía unir su rostro al rostro surcado por las lágrimas de la enfermedad y hacer suya la pena ajena.
“Amó y se entregó al extremo”. Así dice San Juan hablando de nuestro Señor Jesucristo. El Papa Juan Pablo nos dio testimonio de que quiso imitar como discípulo fiel a su Señor. En las últimas etapas de su vida se veía que el Papa era un sufriente, el dolor estaba esculpido en su rostro; su figura doblada necesitaba del báculo del ministerio papal que termina en una cruz. Se apoyaba en la cruz del crucificado. Se exigía a sí mismo más de lo que su médico consideraba prudente; siempre movido interiormente por el fuego de la caridad apostólica.
JUAN PABLO II MODELO DE SANTIDAD
Juan Pablo II ha sido declarado “Beato”; sube así un peldaño hacia la canonización. Podemos ya invocarlo como nuestro intercesor y tenerlo como modelo de vida cristiana.
Con su beatificación nos dirige una predicación atractiva y elocuente: nos dice que la santidad es la vocación de todo creyente; que consiste en saber vivir el proyecto de Dios sobre nosotros, venciendo nuestras debilidades, nuestras imperfecciones, descubriendo la belleza de la fidelidad al camino que Dios nos ha trazado.
El Papa afirmó que el santo no es el hombre idealmente perfecto, sin mancha, que está más allá de las tentaciones, sino que sabe agarrarse de la mano de Dios y verse a sí mismo con su verdad y sus imperfecciones, pero que a la vez confía en Dios, en su misericordia… El santo pisa fuertemente sobre la tierra, encuentra muchas dificultades, pero a la vez está lleno de esperanza.
La santidad de Juan Pablo II estuvo influenciada fuertemente por su devoción mariana; conoció a la Santísima Virgen desde su natal Polonia y siempre hizo una clara referencia a nuestra Señora; incluso en su escudo episcopal y luego papal llevó como lema “Totus Tuus”. Que esta referencia mariana nos sirva también a nosotros de modelo y ejemplo.
1º. De Mayo del 2011, Segundo Domingo de Pascua.
† José G. Martín Rábago
Arzobispo de León
Yo tambien tengo pensamientos suicidas, y me da mucha pena en realidad, ya que siento que soy malagradecida con la vida, con mi familia y con DIOS.
Yo confiaba mucho en él, antes era feliz, sana, buena, etc. de pronto todo se volvió gradualmente oscuro, y sin darme cuenta todas las tardes me encuentro llorando en mi ventana mirando el cielo, a la gente, a la perfecta naturaleza y pensando por qué a mi.
ya nada tiene sentido para mi. Y cada mañana prometo levantarme, pero cae la tarde y vuelvo derrotada a mi ventana a llorar. Eso no es vida. Me siento vacía, sucia, malagradecida y para colmo covarde, porque quiero acabar con mi vida pero no encuentro maneras que no causen dolor y que sean de facil acceso. Una pistola por ejemplo.
En fin por ahora me ago cortes en los brazos para poder acceder de a poco a las venas, pero dudo mucho que eso algun dia pase.
Hola soy del m.p.a d tenancingo
Y solo les deceo felises fiestas y q
Recuerden q xto los ama
Soy una ex miembro de la JCFM, en los anos sesenta y esta organizacion formo a muchas de nosotras que hoy ya despues de haber formado una familia y seguir con nuestro apostolado de diferentes formas. Quiero saber donde puedo comprar el distintitvo ya que una querida hermana apostolica acaba de fallecer y quiero durante su funeral (de cenizas)depositar el distintivo y cantar el himno de la JCFM. Por favor decidme si es posible comprar un deistintivo y enviarlo por correo a Chih.
Un gran agradecimiento de antemano.
Hola!!!!
Soy Mario Soy padillista de la delegacion de Nogales Ver.
Que digo esta Chida LA pagiNa!!!
MPA es LO MEJOr
SALU2!!!
UNIDOS TODOS…
K TAL AMIGOS ME ENCANTA KE PONGEN ESOS TEMAS SABEN YO TAMBIEN PERTENESCO A UN GRUPO DE PENDILLAS Y ES LO MAXIMO. BYE,BYE