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¿QUÉ PASA SI NO SE CUMPLE UNA MANDA?

En repetidas ocasiones se escucha que nuestra Sociedad está volviéndose secularizada; es decir, que existe una decadencia y tendencia hacia la desaparición de las creencias y prácticas religiosas; sin embargo, fenómenos como la religiosidad popular, las mandas y algunas devociones, continúan vigentes e incluso se acrecientan con el paso del tiempo

Nuestro pueblo, con su sentido religioso, que es muy válido porque está iluminado por la fe en Jesucristo y en las tradiciones de la Iglesia Católica, tiene santas costumbres de devociones como las peregrinaciones o de hacer mandas que consisten en prometerle al Señor algún sacrificio en ofrenda por algún beneficio recibido.

Este tipo de manifestaciones se da en nuestra región, principalmente en los Santuarios Marianos, como el de la Virgen de San Juan de los Lagos.

Las personas acostumbran entrar a esos templos de rodillas, y muchas veces llevando en su cuerpo algún cilicio o algún instrumento que les cause cierta dolencia o sufrimiento; pueden ser, incluso, unas pencas de nopal.

Y es que, ante los problemas de salud, económicos, sentimentales o de cualquier índole, muchos fieles católicos buscan “negociar” con Dios prometiéndole algo a cambio de un favor. Sucede también con los santos, para solicitar su intercesión a fin de alcanzar alguna gracia de Dios, como suele ser la salud, una relación amorosa, la conversión de algún hijo o un mejor empleo.

Sin embargo, “no todo lo que brilla es oro”, porque muchas veces las devociones populares pueden rayar en la superstición, y las mandas en mero espectáculo, perdiendo el sentido religioso y olvidándose del verdadero Dios, real y verdaderamente presente en el Sacramento del Altar.

De dónde surgen las creencias populares

A la religiosidad popular se asocian creencias y prácticas pertenecientes a sistemas religiosos ancestrales que se fueron integrando a la religión oficial en un proceso de inculturación del Evangelio en las culturas autóctonas y, a la vez, la introducción de éstas en la vida de la Iglesia (Juan Pablo II en la Encíclica «Slavorum apostoli» (1985) (nº 21).

No es muy claro el dato de si las devociones y sacrificios en América Latina surgieron con el Cristianismo venido con la Conquista, pues si bien los nativos de estas tierras realizaban ofrendas y sacrificios a sus dioses, la tradición cristiana relata las grandes procesiones que realizaban los cristianos

Lo cierto es que muchas de estas tradiciones todavía nos acompañan: Las mandas son promesas con obligación de cumplirlas. Muchos, al pedir un favor, prometen que, si les es concedido, harán un especial sacrificio como el de ir caminando a San Juan de los Lagos, o incluso descalzos. Algunos, por ejemplo, prometen llevar ofrendas de cera (veladoras) u ofrendas en dinero, así como ofrendas florales

Muchos expresan su agradecimiento en retablos, que son cartulinas o láminas pintadas describiendo el favor recibido: dibujan a la persona enferma o si se cayó de un barranco, sufrió algún accidente automovilístico o si necesitaba alguna operación quirúrgica de emergencia, y muchos de estos retablos narran y expresan el favor que alcanzaron.

Las promesas que se hacen, deben ser las que se puedan cumplir y que son sobre su persona; no se puede prometer que otra persona se irá de rodillas a algún lugar, por ejemplo. Además, si una manda lesiona los derechos de una tercera persona, no obliga. Por ejemplo, si una mujer casada promete continencia durante un mes, está lesionando los derechos de su marido; entonces, su esposo puede levantarle dicha manda.

¿Qué pasa si no se cumple la promesa?

La manda es, en cierto sentido, un acto de amor y de agradecimiento, siempre y cuando el Señor conceda lo que le pedimos. Muchas veces la gente se siente comprometida, aun cuando el Señor no le cumpla lo que le pedía, y no debe ser así. En este caso, si no se cumple, no se está cometiendo pecado, pero debemos de liberarnos de las actitudes de “condicionamiento”, es decir “sí haces… entonces yo también”, y puede terminar con una actitud de resentimiento.

Hay quienes “juramentan” una promesa para dejar de beber licor, fumar, drogarse o incluso para privarse de algún alimento. El Derecho Canónico señala que todo sacerdote puede atestiguar un juramento y también señala quién puede dispensar las mandas por ser imposibles, o permutarlas por otras.

No deben confundirse amor y temor

Ante las “cadenas” que anteriormente se enviaban por correo y que ahora se han modernizado utilizando medios electrónicos, en las que se advierte que si no se reenvía a cierta cantidad de personas o si no se consigue lo que se indica, algo malo sucederá, más parece un acto de miedo que de amor, y de ninguna manera es aceptable.

Acciones como esconderle el Niño a San Antonio, llevarle 13 monedas el 13 de junio o voltearlo de cabeza, son claramente actos supersticiosos. Son signos exteriores y tradiciones muy negativas, inventadas por gente que trata de engañar a los que no saben.

Devociones populares que son sanas

Una devoción popular hermosa y antigua es el rezo del Santo Rosario, que surge en el Siglo XII, motivado y difundido por Santo Domingo de Guzmán, de la Orden de Predicadores (Dominicos), que para lograr la victoria sobre las herejías promovió este rezo.

El Viacrucis es un elemento muy importante de la devoción popular. Es la costumbre piadosa de recorrer las estaciones que Cristo siguió en su Pasión el Viernes Santo.

También en Europa había grandes movimientos de devoción popular, sobre todo para visitar la Basílica de San Pedro y la tumba del Apóstol Santiago en Compostela, España, desde la Edad Media. También se peregrina a los Santos Lugares de Jerusalén.

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